22 febrero 2009

Marciana

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Marciana
[Q jugando con las series Z]



Decir consolador en lugar de dildo sólo demuestra la tristeza
de quien así lo denomina, y no describe, de ninguna manera,
la satisfacción y el placer de quien lo usa.

Ana Loga



-¡Cuida’o, tenéis una marciana en la cocina!

Con esta broma, el tipo me saca de mi mal rollo, de la pesadez de unos días de rutina pesada y normalizadora. Tengo ganas de besarlo, pero no entendería el porqué. Y paso de comprometer mi alegría recién adquirida... Llevaba un día tonto, agobiada por no poder relacionarme con la gente desde otro sitio, de otra manera... Un día de ésos que te hace mayor, lista para el espectáculo, preparada para completar la lista de los imposibles con un boli lleno de resentimiento. Y es cuando me ponen la tercera cerveza, todavía a la espera de mi frankfurt, que la cocinera sale de su antro laboral con el casco de moto puesto.

Es guapa. Humanamente hablando. Todos los tipos de la barra la miran. La ven cada día. Y me imagino que, cada día, la miran. También me imagino que, al volver a casa, sus fantasías se alimentan de esta misma visión. Y lo que harán pensando en ella, ni me molesta, ni me importa. Pero ahora, el acontecimiento creado por la broma les permite exhibir otra mirada. Ya no tienen la necesidad de esquivar los ojos de la cocinera cuando ella se da cuenta de la insistencia de sus miradas; hoy la insistencia de la contemplación tiene su excusa. La pueden desnudar con total tranquilidad, porque pueden ver a la humana que les excita mirando a la marciana que acaban de crear. La pintan de verde para poder desnudarla. El color puesto les permite mirarla. Mirada de colonos.

Pero, basta, dejo a los pesados y voy al baño; tengo ganas de acariciarme. Me siento muy bien y tengo ganas de disfrutar. Masturbarme en los baños públicos, cuando tengo ánimo para ello, es casi un ritual para mí. Una manera de apoderarme del sitio, de hacerlo mío. Pienso en ti. Te deseo, deseo tus datos. Apenas entrado, me quito la camiseta y me apoyo sobre la fría pared de cerámica. Está llena de llamadas al sexo hechas al rotulador. Estoy dentro de una cabina de chat pre-cibernética. –“Chupo. Llámame al 623 451 678”. “Me gustan gordas. 641 789 254”… – ¿Y si le llamo y le enseño mi dildo 22-8, le gustará a éste? Tu número no lo necesito, abro un canal interno y todas mis moléculas se reordenan. Configuran un tropismo viral que pide su dosis de intoxicación. Piden mutación. Ahora es mi culo desnudo que goza de la fría cerámica. Por contacto con mi cuerpo, esta se ha vuelto húmeda. La pared, receptiva, se ofrece para su sesión sexual # 2715 con un desconocido. Se impregna de mi deseo, de mi obsesión. Me mojo con ella. Empiezo a masturbarme mientras escucho pasos afuera que, en vez de cortarme, no hacen más que aumentar mi excitación. Alguien se queda delante de la puerta, esperando su turno. Me dejo caer chorros de saliva sobre el pecho y me acaricio todo el cuerpo. Podría correrme ahora, pero no lo hago. Me vuelvo a vestir y salgo. El otro entra en el baño que acabo de dejar. Ni me preocupo por saber a qué se puede parecer,veo unas deportivas azules, y ya es bastante para cortar la curiosidad.

Cuando vuelvo a la mesa, mi frankfurt está listo, acompañado por otra cerveza. La marciana ha desaparecido. Pienso en su sexo. ¿Por qué tiene que ser un coño verde? ¿Por qué tiene que ser “una” marciana? ¿Qué se espera de “ella”? Las marcianas ya no conocen la noción de género; más bien tienen de él el recuerdo de cuando eran humanas. Y desde que abandonaron su condición de mamíferas, tienen un sexo plástico que cada una va configurando y modificando en función de sus deseos, de sus placeres, de su imaginación, de su laboratorio personal y portátil. Y el tuyo, lo conozco.

Tiene forma de espiral y lo puede controlar como un pulpo su tentáculo. Y como un tentáculo, está dotado de un sin fin de ventosas. Es capaz de controlar su diámetro por dilatación, y, su largo le permite dar tres vueltas alrededor de mi cadera. También puede retraerse hasta tener el tamaño de un pezón. Puro juguete sexual. De hecho, ahora mismo no puedo imaginarme mejor dildo. Me río, me imagino la cara que pondrían los tipos del bar al encontrarse con semejante artefacto.

Pero no se enteran. Ahora que se ha ido la marciana, vuelven a temas serios. El calentamiento del planeta... No dicen que sea culpa de las marcianas. Ya es algo.

Mi frankfurt, él, sigue caliente. Será algún truco de mi cocinera. Antes de poder dar el primer mordisco, siento un tentáculo que sube enrollándose por mi pierna izquierda, sus ventosas adhiriéndose a mi piel. Contacto. Dolor. Placer. Me agarro a los pies de la mesa, firmando el pacto de mi total entrega. Quiero que me folles, que me hagas tuya; aquí estoy. Soy tu esclava. Me hago tuya. Me hago libre. Por cada ventosa me envías una descarga eléctrica. En cada punto de conexión, recibo una descarga de dolor. Aceptas el pacto, te haces mi ama. Te haces libre. En mis pechos las descargas se vuelven dos pinzas que ajustas hasta que sienta que no hay duda sobre el pacto firmado. Mis orejas se ponen calientes, mis pezones fríos y duros. Se me nubla la vista, Los dedos de los pies se me tensan como después de una sobredosis de speed, con esa sensación de que la tensión va a subir por las piernas y paralizar todo mi cuerpo. Cierro los ojos, me relajo. Me coges por el pelo, y me tiras la cabeza hacia atrás. De una ventosa sale una lengua que me lame. Me salen lágrimas. Ya no veo nada ni nadie. Me olvido que estamos follando en el medio del bar. Veo calor, siento silencio, mis sentidos mezclados configuran uno nuevo. Me agarro más fuerte a los pies de la mesa, me aprietas sobre ella, siento el frio del aluminio sobre mi mejilla. Y el metal me informa del proceso en curso. Dejar la humanidad. Dejar de ser hombre. Abandono mi especie y mi género para mutar contigo. Estoy lista para la reprogramación interna. Fóllame. Miles de imágenes desfilan por mi cabeza. Todo el programa con el cual me he construido se me hace presente, todas sus líneas de 0 y 1 bailan en un caos donde ahora eres la creadora. La cabeza me da vueltas, veo múltiples caras que me miran con una sonrisa deforme. Siento que me voy a morir, veo la nada. Veo estrellas. Estoy al borde de la implosión. Moléculas y descargas eléctricas se apoderan de mi mente. Soy la testiga alucinada de mi propia mutación. De mi propia muerte. De tu creación. Quiero gritar pero no puedo. El placer se ha hecho más fuerte. De nuevo quiero que me folles. Ya te había olvidado como ser externo a mí. Estabas toda adentro mío. Una ventosa me besa el culo y lo lubrica. Mi culo se dilata, mis manos se colocan debajo de mis piernas. Te había olvidado. Había olvido tu presencia externa. Estabas en mi flujo molecular. Mi excitación es máxima. Mi culo pide más y envuelve el tentáculo que se dilata para formar parte de mí, de nuevo. Nada de entrar y salir. Siento como cambia de forma, contrayéndose y expandiéndose, dividiéndose para tocar diferentes zonas. Placeres hasta ahora desconocidos. Estoy empapado de sudor, frio y calor. De nuevo ser tuya. Tu excitación me recorre de abajo a arriba. Me quemas el sexo de una descarga tan fuerte que me muerdo la lengua. Lágrimas de nuevo. Y en el mismo instante tu tentáculo en mi culo me provoca un goce tan fuerte que abandono todo mi cuerpo. Siento que pierdo la consciencia. Se me hace todo negro. Oigo voces inentendibles. Pero en vez de caerme por el suelo, llego a un estado de intensa consciencia de mi misma. De todos los flujos que me han recorrido hasta hoy. De todas las imágenes que me han alimentado y que he alimentado. Fóllame. Haz un collage con todas mis visiones. Sigue mi amor. Dame por el culo. Dame tu información, dame tus moléculas, dame tus líneas de programa. Fóllame hasta acabar con mi reprogramación. Tu tentáculo es un sistema de procesamiento sexual con el cual me reprogramo. Soy un sistema de procesamiento sexual. Hazme otra. Mezcla tu plástico con mi carne. Hazla plástica. Hazme tentáculo. Alguien me habla. Te has ido.

Empiezo a chupar la punta de la salchicha que se sale del pan. Intento reproducir en él las sensaciones que me produce el tentáculo. Está hirviendo. El frankfurt se vuelve un dildo con el que follo, que me folla, con quien me follo. Todos me están mirando. Todos tienen a Papi Freud en la cabeza y hacen de la salchicha un falo. Piensan que chupo un frankfurt porque quiero chupar una polla. Cuando en realidad, si chupo una polla es porque es un dildo, porque es un sexo plástico.

No pueden dejar de mirarme pero no saben cómo hacerlo. Me divierten. Están frente a una marciana y no se enteran. El tentáculo está por todo mi cuerpo. Cada ventosa es un punto de conexión desde donde nos enviamos señales sexuales, descargas eléctricas, mensajes químicos. Hacemos una. Ella es tentáculo. Yo soy tentáculo. Todo mi cuerpo está recorrido por descargas de placer, siento los trayectos efectuados por nuevos datos que desdibujan los límites entre mis diferentes sentidos, entre las distintas partes de mi cuerpo. Y ahora entre mi cuerpo y el suyo. Y de repente, una conexión: nos vemos y nos reconfiguramos juntas. Ser una, ser otra. Nos juntamos en una implosión. Un orgasmo sin correrse. No hay descarga de energía seguida por una vuelta al equilibrio anterior. No es un orgasmo. Es un polvo de brujas. Una reprogramación total de nuestra información interna. Una mutación.

Abro el pan y le pongo kétchup. Vuelvo a hacer del frankfurt una salchicha. Doy un mordisco enorme y me lleno la boca de salsa roja. Miro a los tíos, les sonrió y me voy. El falo no existe, sólo hay dildos.

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