10 febrero 2008

Presentación [versión 7.0]


 
Experimentos eléctrico-químicos procesando sexo y género.





¿Quién eres, mi amor?
XX? XY? XXY?
Llevamos el código puesto, y pita cada vez que pasamos la puerta del baño.
H? M?
Entramos juntas y follamos. Una historia. La nuestra.
Una Historia de Q, una historia de A. Una historia X. Gode is love.
H+H?, H+M?, M+M?
Des-generar el género para encontrarse. Las Quimeras existen y son rosas.
Dada pasea por 20 siglos de siglas y saca su dildo. La Gioconda es trans y se lo pasa bigote.
Devenir en deseos que se hacen carne. Donde una misma dibuja los
territorios del placer ¿Me das o te doy por culo?
El sexo es una química programada y re-programable. Nos toca mutar, mi amor. ¿Otra raya? ¿Cuántas somos?
Multiplicarnos en vez de reproducirnos.
Pervertirnos. Y con elegancia. Guantes de látex puestos. Ser anormales para poder vivir. We don't like the straight way.
Cuerpo como texto, pretexto, escrito, re-escrito, subscrito; a nuevos
sexos hechos y des-hechos.
Plástico que se hace carne, carne que se hace plástica. Derretida,
moldeada, siliconada, deformada, reformada, lubricada, mojada...
Hecha a medida.
XQ






Más que proyecto o colectivo la Quimera se define como laboratorio. Un laboratorio de experimentos que, usando diferentes técnicas y herramientas que van desde la fotografía, la performance, el video y los talleres hasta la escritura, busca crear, inventar y mostrar identidades plásticas que nos permitan establecer modos de relación que resistan a la normalización del binomio sexo-género. Haciendo del cuerpo una plataforma de intervención pública y concibiendo la sexualidad como una creación artística. Somos unas trabajadoras del cuerpo: lo usamos, lo modificamos, lo transformamos. Hacemos política del propio cuerpo en la búsqueda de identidades hibridas y no naturalizantes, experimentando con prácticas sexuales que no reproduzcan el orden heteronormativo en vigor. 
 
Nuestros experimentos no son el reflejo documental de una sexualidad en la medida que esta misma sexualidad está en parte construida por esos experimentos, pero tampoco son una creación en sí, en la medida en que no hay nada simulado en lo que se puede ver en ellas. Como dice nuestra mamá post-porno, Annie Sprinkle, “las relaciones sexuales son siempre performance artística”. Las técnicas artísticas que utilizamos nos sirven, principalmente, como herramientas para presentar una realidad vivida; hacerla visible y dar espacio a sexualidades no representadas por el imaginario dominante.

Si el porno es una de las principales técnicas de producción del sistema sexo-género, queremos apoderarnos de él para crear nuestras propias realidades. Queremos desdibujar el límite establecido entre público y privado, límite que sólo sirve para naturalizar ciertas prácticas sexuales, encerrándolas en una esfera privada en la cual se consumen los códigos y prácticas públicamente avalados.
 
La sexualidad es la herramienta de reproducción de una especie que se instituye culturalmente cómo animal, cuando puede ser la principal herramienta creadora de una especie que se reconozca como cyborg. Somos quimeras y las quimeras existen. Mezcla de carne, plástico, datos, moléculas, silicona, máquina...Nuestra naturaleza es la prótesis.

Configuramos nuestros deseos como hechizos de una política nocturna que antes recibía el nombre de brujería. Brujería: el cultivo sistemático de la conciencia dilatada o de la percepción no ordinaria y su despliegue en el mundo de los hechos y los objetos para convocar los resultados deseados.
Arte: nombre que las brujas daban a su actividad, su “ciencia”, la brujería.

Experimentando identidades trans-género y buscando realidades postgénero, representamos nuestra sexualidad para crearla. Buscamos, dildo en mano, vías para desdibujar una larga lista de binomios: hombre/mujer, homo/hetero, natural/artificial, normal/anormal, público/privado, representación/vida. Y, mientras existan estos binomios, seguiremos reconociéndonos como anormales para, así, poder seguir viviendo... 


Quimera Rosa